FUNDAMENTAL

Cada sol se calienta un día normal, sin darse cuenta de lo que sucederá bajo su aura, cada soplo de viento corre sin tener idea de qué cuerpos tocará y cuántas historias guardará en silencio.
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"Esa mañana, Filippo, como siempre, caminó por sus tierras, admiró la vista y probó sus aromas. La cosecha de uvas dejó ese aroma mágico de jugos en el aire, que cautivó a cada alma que pasaba. Filippo mantuvo un secreto profundo, un amor taciturno y paciente. Todos los días, desde el primer sol y desde sus tierras, todo lo que fluía en su mente no era ese olor magnífico que sentía, sino que olía a Daria.
Daria era un subidón de alegrías y tristezas, una bailarina nacida en la edad equivocada, era una carta escrita a mano en un boleto de tren y una obra maestra cálida.
Vivía lejos de él, pero encontraba todos los días una excusa para mirarlo a los ojos.
Ella ese perfume, otro planeta, chocó con el suyo, casi una perturbación, pero eso llenó sus venas.
Esa mañana no conocía ese sol. No sabía lo que iba a pasar.
La colonia habitual para esa mañana, él y ese aroma tomado en Londres, quien recuerda el nombre, no es importante. Sabía a jugo de limón, y eso fue suficiente para él, porque era simple.
El desayuno habitual para Daria, su eau fraiche mandarina para despertarse de buen humor. Vivía con esa necesidad constante de oler algo que la hacía sentir bien.
A Daria le encantaba el aroma de los antiguos edificios del centro de la ciudad cuando llovía, podíamos escuchar el yeso que le recordaba a su infancia. Parecía estar corriendo a la primera ducha de agua para sentir ese aroma encantador de antaño.
Ambos, cada mañana, saboreaban los aromas de sus hogares, él el campo, ella las antiguas murallas, sin darse cuenta del poder de tales aromas, y sin saber cuánto poder se desataría uniéndolos.
Él sabía a aire fresco, a grosellas, a uvas, ella sabía a polvos y lápices labiales, se sentía desnuda sin ese viejo aroma a mantequilla de iris. Tenía una nariz de naturaleza, ella de la antigüedad.
Todo era brillante, un abrazo fue suficiente para desatar las almas.
Juntos, eran algo que nunca habían sentido antes, ese jus perfecto que solo necesitaba desgastarse y brindar por esa obra maestra en un sofá chester en algún lugar envejecido en aquellos donde aún se puede fumar dentro, entre los muchos olores de caballeros y damas que buscan un vistazo a épocas distantes, encontradas por casualidad en un callejón sin girar.
Hay, mis amigos, obras de arte que se vuelven tales para combinaciones de suerte, hay manos sucias de tierra que saben que están húmedas, que contienen otras que saben a cera de abejas y miel.
No era un perfume sin ella, estaba incompleto, solo era un boceto. Ella no era un perfume sin él, estaba incompleto, era solo un boceto.
Eran fundamentales el uno para el otro. "

Gracias Andrea Bissoli Rubini por este regalo que le hiciste al mundo de la perfumería artística.

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